Cuando un tumor, accidente cerebrovascular o infección causa una lesión cerebral, la barrera que protege a las células del cerebro se rompe, generando la acumulación fluidos —agua y electrolitos principalmente— en el tejido cerebral y, en consecuencia, un aumento en el volumen de la presión intracraneal. En el ámbito médico, esta respuesta se conoce como edema cerebral.

Luisa Manrique Carmona, especialista en neuroanestesiología e investigadora del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía Manuel Velasco Suárez (INNN), actualmente realiza un estudio para desarrollar un marcador biológico que permita diagnosticar el edema cerebral a partir de las concentraciones de taurina en la sangre de pacientes con enfermedades neuroquirúrgicas, dígase tumores cerebrales de cualquier tipo (benignos, malignos o metastásicos) y accidentes cerebrovasculares.

La hinchazón en el cerebro dificulta la cirugía en los pacientes con tumores cerebrales y pone en riesgo su vida. En palabras de la doctora Manrique, la presencia de edema en cualquier momento (antes, durante y después del procedimiento quirúrgico) puede afectar negativamente la evolución del paciente e incrementar el tiempo de hospitalización, e incluso dejar secuelas de por vida como parálisis, problemas de lenguaje o de respiración.

«Cuando un procedimiento quirúrgico está acompañado de edema, tenemos que realizar medidas específicas que permitan a los cirujanos tener mejores resultados. Al no tener un marcador biológico que nos indique en tiempo real si el cerebro está hinchado o no, nos queda la estimación visual. Nuestro objetivo es tener algo más certero«, subrayó la experta.

Dijo que la detección precisa de la inflamación cerebral requiere técnicas especializadas de neuroimágenes, pero a menudo son costosas y los hospitales normalmente carecen de tales herramientas. Es por eso que el equipo de investigadores propuso la taurina como una alternativa viable.

La taurina es un aminoácido presente en el cerebro humano y en el de los animales. Los estudios concretados por el grupo de científicos del que forma parte Manrique indican que la concentración de taurina en la sangre de los pacientes funcionaría como un marcador de la magnitud del edema cerebral.

«Hemos realizado varios estudios en diferentes tipos de padecimientos del sistema nervioso central y vemos que la taurina se eleva cuando hay edema cerebral«, apuntó.

A futuro, los especialistas del INNN esperan desarrollar una tira de prueba similar a la utilizada para medir la glucosa en sangre. «Queremos que el médico de atención conozca al momento el nivel de taurina de su paciente. En ocasiones es difícil establecer cuál es la magnitud del edema y si está afectando estructuras celulares de manera más agresiva que la propia lesión tumoral«, refirió.

Tratamiento con lidocaína

Uno de los propósitos de este trabajo es el desarrollo de un nuevo tratamiento para el edema cerebral que se pueda aplicar durante el proceso quirúrgico y así reducir su volumen. Lo anterior permitirá que los cirujanos practiquen intervenciones más efectivas y menos complicadas para los pacientes. Para ello, los científicos proponen la administración de lidocaína, un anestésico que estabiliza la membrana celular, por vía intravenosa.

La doctora Manrique explicó que desde los años 60, los corticosteroides se usan para tratar el edema cerebral, al igual que algunas sustancias diuréticas como el manitol y las soluciones hipertónicas. Sin embargo, estos tratamientos generan efectos secundarios que pueden afectar el curso de la enfermedad. Los efectos secundarios pueden incluir trastornos en el sodio, edema cerebral de rebote y aumento de la función del riñón.

En la práctica clínica, los expertos del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía han visto una disminución en el volumen del edema cerebral después de que se administrara lidocaína por vía intravenosa a pacientes con alguna clase de tumor.

«Por ahora se realizan estudios clínicos para comprobar estas observaciones. Queremos demostrar la utilidad de la lidocaína en el tratamiento del edema cerebral, esta sería una herramienta farmacológica, económica y accesible con un posible impacto en la morbimortalidad de los pacientes«, concluyó Manrique.

 

Vía: Agencia Informativa CONACYT