Las células cancerosas, particularmente las más agresivas, parecen tener la capacidad de cambiar. Dicha estrategia les permite evadir el tratamiento y extenderse por todo el cuerpo.

Pero, ¿cómo obtiene una célula cancerosa la energía necesaria para cumplir esta función?

Nos preguntamos si una célula cancerosa que desea cambiar su función puede redirigir la energía no porque tome nueva energía, sino porque cuenta con un depósito almacenado de energía potencial“, detalló la doctora Sofia D. Merajver, profesora de medicina interna y epidemiología en la Universidad de Michigan (Estados Unidos) e investigadora en el Centro de Cáncer Rogel de la citada institución.

Para comprobar su hipótesis, el laboratorio de Merajver examinó los niveles de glucógeno, los cuales representan una colección almacenada de moléculas de glucosa. En este caso, la glucosa se convierte en energía, la cual es aprovechada por el cáncer para crecer, propagarse y hacer metástasis.

El equipo midió los niveles de glucógeno en líneas celulares que representaban cáncer de mama triple negativo, cáncer de mama inflamatorio, cáncer de mama con receptor hormonal positivo y células de mama normales.

El estudio, publicado recientemente en la revista PLOS ONE, halló que los cánceres agresivos almacenaban glucógeno en cantidades muy grandes, dependiendo del oxígeno disponible. Tales cantidades están en el orden de lo que se almacena en el hígado, un órgano cuya función clave es almacenar glucógeno.

Fue sorprendente la cantidad de glucógeno que estas células cancerosas estaban almacenando“, indicó Merajver. “Esto significa que el cáncer tiene lista toda esa cantidad de glucógeno para descomponerla en moléculas de glucosa cuando surja la necesidad“.

Sumado a lo anterior, los investigadores encontraron algo aún más sorprendente: una enzima llamada PYG, que controla la degradación del glucógeno en el cerebro, desempeñó un papel clave en el control del glucógeno en el cáncer de mama. Dicha enzima existe en varias formas, incluidas sus variantes del cerebro y del hígado. PYGB, por ejemplo, se expresa principalmente en el cerebro.

Con base en lo anterior, los científicos inhibieron PYGB en las células de cáncer de mama y descubrieron que las células no podían usar estas reservas de energía, volviéndose mucho menos agresivas. En contraste, no observaron el mismo efecto en las células mamarias normales.

Esta es una forma completamente nueva de apreciar la plasticidad de las células de cáncer de mama“, subrayó Merajver. “Creemos que esta capacidad de cambio, para que las células de cáncer de mama se reconecten dependiendo de su entorno, es la razón por la cual muchas pacientes desarrollan resistencia a los medicamentos de precisión. Nuestro estudio revela que la manera mediante la cual las células cancerosas hacen esto es creando un reservorio de bloques de construcción o energía“.

Los investigadores creen que PYGB funcionaría como un posible objetivo para tratar o prevenir la metástasis de cáncer de mama. Estudios futuros explorarán esta conexión en modelos animales. Los autores también investigarán si los inhibidores de las fosforilasas de glucógeno, que se han estudiado en la diabetes y en las enfermedades cardíacas, podrían retrasar o detener la metástasis de este cáncer.

 

Vía: Science Daily