Un nuevo estudio del Centro de Diabetes Joslin, afiliado a la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard (HMS) en Estados Unidos, demostró que ciertos factores de protección biológica desempeñan un papel importante en la prevención de la enfermedad renal diabética en algunas personas. El estudio se publicó recientemente en la revista Diabetes Care.

La investigación se basó en los hallazgos de un estudio previo del 2017 sobre factores de protección y enfermedad renal diabética (o DKD, por sus siglas en inglés). Dicho trabajo se centró en personas que habían tenido diabetes durante más de 50 años sin complicaciones (a las que llamaron medallistas). Estos individuos que nunca desarrollaron enfermedad renal mostraron niveles más altos de un grupo de enzimas involucradas en el metabolismo de la glucosa, en comparación con las personas que desarrollaron enfermedad renal.

El equipo de investigación estuvo a cargo de los doctores Hetal Shah, científico asociado en el Centro de Diabetes Joslin e instructor en medicina; Daniel Gordin, profesor adjunto de Joslin y profesor asociado en la Universidad de Helsinki, Finlandia; y George King, vicepresidente senior y director científico de Joslin y profesor de medicina en la HMS.

En su nuevo estudio, los investigadores pudieron demostrar que también existen factores de protección en personas sin enfermedad renal con diabetes tipo 1 de duración más corta y con diabetes tipo 2. El hallazgo indica que estas enzimas, y una en particular conocida como PKM2, juegan un fuerte papel protector contra la enfermedad renal. Las enzimas podrían usarse como biomarcadores y, a futuro, como objetivos para la intervención de la DKD.

La enfermedad renal es una preocupación importante para las personas con diabetes. Pero no todas las personas con diabetes tipo 1 desarrollan DKD. El hecho de que las personas estudiadas tuvieran tasas tan bajas de complicaciones ha intrigado a investigadores de todo el mundo.

Esto sentó las bases de que debe haber algo que proteja a estas personas de la enfermedad renal diabética. Y explicaría cómo estas personas han podido vivir con diabetes dependiente de la insulina durante tantos años“, comentó Gordin.

Los científicos se propusieron indagar sobre tres preguntas relacionadas con el descubrimiento de 2017. Primero: ¿PKM2 brindaba protección en los no medallistas? Segundo: ¿PKM2 estaba circulando en el plasma de los medallistas, o solo se encontraba en el riñón? Y tercero, ¿los medallistas tienen otros factores de protección que deben ser explorados?

Para responder a la primera pregunta, estudiaron riñones postmortem donados por personas de todas los grupos que seleccionaron para investigar. Para la segunda pregunta, utilizaron técnicas proteómicas y metabolómicas de vanguardia para estudiar el plasma circulante de los medallistas. Para la tercera pregunta, observaron el plasma e identificaron varios metabolitos y proteínas que también estaban elevados. Con ello, mapearon las rutas genéticas asociadas para entender la causa y el efecto de estos aumentos.

Pudimos replicar los hallazgos del aumento de PKM2 en personas con buena función renal en diabetes tipo 1 y tipo 2“, señaló Shah. “Además, a través de estudios proteómicos y metabolómicos en el plasma de los medallistas, encontramos que existe esta proteína precursora de amiloide, o APP, que se presenta como un factor de protección potencial contra la enfermedad renal diabética“.

La identificación de la APP como un posible factor protector fue sorprendente, considerando que su principal asociación conocida es un mayor riesgo de enfermedad de Alzheimer.

[Pero también parece ser] potencialmente protectora en múltiples tejidos vulnerables en personas con diabetes. Dicho esto, necesitamos más estudios para confirmarlo“, apuntó Shah.

Comprender los factores que protegen contra la DKD podría tener implicaciones clínicas. Si un biomarcador circula en el torrente sanguíneo, permitiría a los médicos realizar una prueba de sangre simple para determinar el riesgo de un paciente de desarrollar DKD. Luego podrían crear cursos de intervención personalizados.

Una vez que los mecanismos de protección sean mapeados de forma explícita, incluso podrían usarse como objetivos terapéuticos.

La enfermedad renal diabética es una enfermedad devastadora“, expresó Gordin. “Es un poderoso impulsor de las enfermedades cardiovasculares y también, eventualmente, de la mortalidad. Tenemos la necesidad urgente de encontrar algo para ayudar a estas personas. Todos [estos estudios] toman tiempo, pero esto es muy prometedor“.

 

Vía: Joslin Diabetes Center