Investigadores de la Universidad de Texas en San Antonio (UTSA) concretaron un innovador estudio pionero del cerebro, el cual arroja luz sobre cómo funciona la amígdala cerebral y contribuiría a mejorar la comprensión de varias enfermedades mentales, como el trastorno de estrés postraumático (TEPT), la ansiedad, la depresión y la enfermedad de Alzheimer.

Los investigadores y autores Alfonso Apicella, Alice Bertero, Paul Luc Caroline Feyen y el estudiante egresado Héctor Zurita, publicaron sus hallazgos en la revista Journal of Neuroscience, y apareció en la portada de la misma el pasado 23 de octubre.

Se cree que afecciones como el TEPT, la ansiedad y la depresión están relacionadas con el funcionamiento anormal de la amígdala, que se ubica dentro de los lóbulos temporales y desempeña un papel clave en el procesamiento de las emociones, las acciones y la cognición.

Este nuevo trabajo de investigación aporta evidencia anatómica y fisiológica sobre la existencia de una vía inhibitoria de largo alcance desde la corteza auditiva hasta la amígdala en el cerebro de ratón“, indicó Apicella. “Por primera vez, en nuestro artículo mostramos dicha vía emocional“.

Apicella destacó que los avances en las técnicas para etiquetar células neuronales individuales les permitió examinar individualmente las neuronas que se extienden desde la corteza auditiva hasta la amígdala.

Añadió que las neuronas corticales inhibitorias pueden alterar la actividad de las neuronas principales de la amígdala y, por lo tanto, pueden controlar directamente la salida de señales desde la amígdala. Las neuronas contienen una sustancia llamada somatostatina, que regula las funciones fisiológicas y forma una conexión con las neuronas principales que se proyectan a otras regiones del cerebro fuera de la amígdala, las cuales están involucradas en el miedo y en el comportamiento aversivo.

El descubrimiento de que la amígdala recibe entradas tanto excitadoras como inhibitorias de esa corteza sugiere que el momento y la fuerza relativa de estas entradas pueden afectar la actividad de dicha estructura“, apuntó Acipella.

El experto y su equipo de investigación dijeron que los experimentos futuros deberían examinar si este es un mecanismo general mediante el cual los estímulos sensoriales pueden influir en los procesos controlados por la amígdala, (como el miedo y el comportamiento aversivo), y si la interrupción de esta vía conduciría a varios trastornos neurológicos y psiquiátricos.

Más estudios relativos al tema continuarán en el laboratorio de Apicella. Su grupo científico actualmente investiga las bases neuronales de la percepción. Más específicamente, estos investigadores desean entender cómo los microcircuitos corticales procesan la información sensorial que conduce a resultados conductuales.

 

Vía: Science Daily