La doctora Ruth M. Risueño actualmente dirige al grupo de células madre leucémicas del Instituto de Investigación contra la Leucemia Josep Carreras, en España. Estos científicos estudian la leucemia mieloide aguda (LMA) y la población celular que es responsable de la propagación y persistencia de la enfermedad, así como de su reaparición si ha sido tratada y superada.

La LMA es una de las leucemias con el peor pronóstico. Su tratamiento requiere quimioterapia y se aplica en el 50%-85% de los pacientes, además de que posee una alta tasa de reincidencia después del tratamiento. La recaída en la enfermedad puede deberse a que un pequeño número de células madre enfermas se vuelven resistentes a la terapia, por lo que solo es cuestión de tiempo para que estas células se propaguen de nuevo.

Las células madre leucémicas se pueden renovar o diferenciar. Se replican indefinidamente para mantener su población. No obstante, cuando ocurre tal diferenciación, generan todos los tipos de células de leucemia maduras que se encuentran en el tumor. Tales células adultas, que en su mayoría son de leucemia, tienen una prevalencia más baja y son más sensibles a la quimioterapia. Pero las células madre leucémicas son responsables del inicio, mantenimiento y regeneración de la enfermedad. Para eliminarlas, pueden ser destruidas, ya sea por muerte inducida o por diferenciación inducida en las células maduras.

Si podemos diferenciar todas las células madre leucémicas, esta población se agotaría. Por lo tanto, su capacidad para mantener la enfermedad y las posibilidades de regeneración y recaída se perderían“, aseguró Risueño.

En un nuevo estudio del grupo de Risueño, publicado recientemente en la revista EBioMedicine y en el cual colabora el doctor Josep M. Cornet-Masana, tras la primera fase de búsqueda y detección en silicio de ciertas moléculas mediante procedimientos informáticos, se descubrió un grupo de antihistamínicos. Las pruebas con antihistamínicos en muestras de laboratorio y en ratones resultaron no solo en la inducción de la diferenciación.

A través de un mecanismo distinto al de su función antialérgica, los antihistamínicos lograron penetrar dos orgánulos vitales de la célula: los responsables de metabolizar la energía, las mitocondrias, y los responsables de la digestión celular, los lisosomas, que causan su falla y conducen a la muerte celular.

Esto no afecta a las células sanas porque el proceso de transformación de las células leucémicas implica que las mitocondrias y los lisosomas se vuelvan más frágiles. Este hecho les permite tener más resistencia a los estímulos preapoptóticos, es decir, a los mecanismos de seguridad de las células que causan su muerte cuando algo sale mal, aumentando así la tasa metabólica, la cual es necesaria para todas las células tumorales. Lo que es una ventaja para la propagación del tumor se convierte en una desventaja para su protección contra tales medicamentos“, explicó Risueño.

Por el momento, los antihistamínicos no pueden usarse contra la leucemia debido a su rápida degradación y porque no cuentan con una técnica de administración directa en las células enfermas. El equipo de Risueño está trabajando para hacer que estos medicamentos sean más estables mientras se desarrolla un mecanismo que permita administrarlos directa y distintivamente en las células madre leucémicas.

 

Vía: EurekAlert! – American Association for the Advancement of Science